Dios creó la Semilla, y el ser humano la fecundó
treinta y ocho semanas cumplidas, un nuevo angel floreció.
En una fría mesa de quirofano, recostada yace una mujer,
con todo su cuerpo agotado, pero feliz y llena de placer.
Con el llanto aún en el ambiente, me regocijo lleno de emoción,
ya que el angelito esta a salvo y he cumplido mi misión.
Y ya en la mesa calentita, su frágil cuerpo cubriré
entre gruesas mantas, emano un suspiro: Gracias Dios mio Apgar 9-10.
Como médico he visto casi todo, dolor y cuerpos padecer,
no lo niego,es muy gratificante llevarles calma otra vez.
Pero en esta escala de la vida,nunca me pude sentir mas feliz,
como cuando veo al bebe dormido y disimuladamente acaricio su nariz.
Bajo la lámpara, y aun complacido, veo sus ojitos titilar,
redondos y vivaces como la luna, cuando acaba de despertar.
Su pequeña mano sujeta mi dedo, tal parece que me quisiera conocer,
y en su inocente y tierna mirada yo leo: "Gracias Doctor por ayudarme a Nacer".
Dr. Victor Velez (cortesía de la foto)






0 comentarios:
Publicar un comentario