Ya son cuatro inviernos, Madre Querida,
en que ya no te tengo y sangra mucho la herida,
mi luz se va a apagando al morir el día,
ya nada es felicidad, ni luz, ni alegría.
Eras el aire cuando me sofocaba,
eras el aliento que mi vida consolaba,
la mitad de mi vida se me fue con tu partida,
mis ganas, mis esfuerzos, Madre Querida.
Nadie comprende por qué, ya no quiero,
nadie sabe a ciencia cierta cuánto aún yo te espero,
que me visites por las noches, aunque sea solo en sueños,
que me lleves contigo a reposar junto a tu seno.
El tiempo no siempre cura , la herida que supura,
el tiempo solo es tiempo, cuando te invade la locura,
a tus brazos yo me arrojo cada día con derroche,
anhelando tener suerte y me recojas por la noche.
Y lo único que me consuela en esta vida de agonía
Es la esperanza que tengo de volver a verte algún día ,
Ya no en este mundo donde antes tú, vivías,
sino donde seamos de nuevo felices tú y yo, Madre Mía. 





