Hoy es una noche como una de esas tantas otras
En que la dulce aurora parece no llegar
Dolor y frío envuelven mi apretada alcoba
En el silencio presto de mi eterna soledad
Y vigilo a cada instante ese reloj maldito
Cuyo tiempo dorado parece no marcar
Me río eclipsada y a la vez me compadezco
De mi oscura y vacía, mi terrible soledad.
Antes de escribir estas perturbadas líneas
saboreé con éxito, el gusto exquisito en mi paladar
de un vino envolvente cuál delicioso veneno
y una ligera dosis de amargo clonazepam.
Con suerte creo que dormiré algunas horas
con mucha más suerte quizás no despierte jamás,
y mientras sigo esperando que llegue la aurora
me abrazo muy fuerte a mi querida soledad. 






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